Reinventando herramientas obsoletas

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Los y las trabajadoras sociales acostumbramos a tomar prestadas herramientas y técnicas de otras disciplinas, es por ello que quizás el rediseño de las mismas debería ser una constante en nuestra profesión.

La creatividad forma parte del Trabajo Social, ya que nunca contamos con los recursos suficientes, por lo que si no es algo que se tiene al inicio de comenzar los estudios sin duda se irá adquiriendo con la experiencia.
Para ello estar abiertos será necesario, para darse cuenta de qué adaptaciones se necesitan para poder reinventar esas herramientas que se nos quedaron obsoletas.
Dado que la sociedad cambia, nuestras herramientas también deberían evolucionar si éstas no se adaptan a esos cambios.

En el caso de la diversidad familiar, aunque siempre ha existido, es ahora cuando parece que se ha vuelto una realidad innegable, y es que estamos en un proceso de aceptación de las distintas realidades familiares que nos rodean.
Las universidades y otros centros de estudios deberían tener en cuenta todos los cambios producidos e integrarlos en sus aprendizajes, o ¿es que la innovación ya no es sólo para los teóricos?

Tal vez como profesionales que ejercemos la profesión de manera práctica deberíamos liberarnos a nosotros mismos y ser un poco más “herejes”.
En el Trabajo Social, herramientas como el genograma son fácilmente renovables y en esta sociedad con tantas opciones y realidades puede ser una herramienta con cada vez más importancia para las intervenciones y para hacer un mapeo de las personas con las que trabajamos, pero para ello sin duda tiene que cambiar y mucho nuestra manera de utilizarlo, incluir las orientaciones sexuales y de género no es el único cambio que necesita, también los tipos de relaciones, o las personas y otros seres que integramos o no, o incluso la finalidad del uso.

Los soportes como fichas e historias sociales también necesitan un lavado de cara, o el diario de campo virtual que nos ofrece unas posibilidades infinitas.
En técnicas como las visitas a domicilio o las entrevistas cambiar nuestras preguntas o actitudes o tal vez, ¿por qué no?, cambiar la finalidad de la misma o de la información que recabamos.

Estos son algunos ejemplos de cómo la teoría del reciclaje podemos adaptarla a nuestra profesión para reinventarnos, y aquello que no se deje reciclar entonces quizás la mejor opción sea desecharlo.
Por otra parte, si los y las trabajadoras sociales cambiamos nuestras prácticas estaremos en disposición de exigir que se cambien las distintas normativas que nos limitan el éxito de nuestro trabajo y para que se adapten a las realidades; por lo tanto tenemos la obligación moral y de ética profesional de recoger esas realidades, porque lo que no se nombra no existe.

Un buen punto de partida para iniciar este proceso creativo es el blog de tataranietos.com y el libro “Nuevas genealogías. ¿Cómo abordar el árbol genealógico en el siglo XXI?”, ambos de Mireia Nieto.
Esperamos que tanto estas reseñas como el post sirvan de inspiración a la creatividad que cada una de las personas llevamos dentro.

Imagen de Enrique Domínguez