¿QUÉ TAN FELICES SOMOS?

fnbLa respuesta al interrogante del título del presente post, no es única, es tan millonaria como seres humanos existen en el universo y tan numerosa como corrientes filosóficas o sociales existen.

Tomaremos como punto de partida el año 1972 y Bután un pequeño país de Asia considerado como uno de los más pobres del planeta, que innovó en esta materia.

Así, Bután supone un punto de inflexión en la manera de entender políticamente la cuestión de la felicidad tanto desde un punto de vista individual como comunitario.

Quizás el que Jigme Singye Wangchuck tuviera 17 años cuando se convirtió en Rey de Bután unido a su voluntad de hacer las cosas con lógica, le hiciera ver claramente que una nación no es más o menos según su renta (al igual que las personas) sino que mucho más importante es la felicidad colectiva para saber que tan desarrollados estamos.

De lo que estamos hablando es de la Felicidad Interior Bruta (FIB) como un cambio de paradigma en cómo vemos lo que produce un país.

Parece que consiguió poner en la agenda política esta cuestión que tan importante es para cada uno de nosotros y nosotras, siendo un punto de partida que permitió que se generaran distintas vertientes a lo largo de todo el Planeta, a saber, el Happy Planet Index , que se une también al Índice de Desarrollo Humano  o al Barómetro Global de Felicidad y Esperanza en la Economía como medidas alternativas a las puramente económicas, así como iniciativas como Happy City  o movimientos como el downshifting .

De todas formas no podemos o al menos no debemos entrar en una parálisis por análisis de datos, pues las estadísticas ayudan a procesar la realidad pero no son la realidad, así los distintos indicadores vistos nos muestran información útil que si bien deberían utilizarse para diseñar las políticas públicas orientadas a la ciudadanía (y sobra decir que todas las políticas públicas deberían tener esa orientación) no nos hablan de la felicidad a nivel individual, sin embargo el sentimiento de felicidad colectiva puede influir positivamente en el plano personal, así pues no podemos diseñar políticas públicas para cada persona pero si podemos diseñarlas con la intención de aumentar el grado de felicidad de las personas; por lo tanto, las políticas que generen un ambiente de felicidad harán que esa felicidad traspase a las personas aludiendo a la conciencia colectiva.

Dentro del concepto general butanés se manifiesta que “lo que medimos afecta a lo que hacemos. Si nuestros indicadores sólo miden cuánto producimos, nuestras acciones tenderán sólo a producir más.”

Por otra parte, la cuestión del tiempo parece cuanto menos reseñable como elemento a tener en cuenta en la cuestión de la felicidad, en tanto que disponer de tiempo para hacer cosas que agraden puede influir en la percepción de la felicidad, en el sentido en que quizás no somos felices porque no tenemos tiempo para serlo, ésto abre el debate de si para ser feliz tenemos que hacer cosas que nos gusten, porque en caso afirmativo las decisiones gubernamentales acerca de los festivos, fiestas y jornadas laborales pueden suponer un asunto de felicidad colectiva, y en este sentido el downshifting tiene mucho que aportar.

La segunda parte del post está disponible aquí.

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