En situaciones de crisis no todo vale

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Hace unas semanas en GDOSB publicábamos acerca de Abdou, el senegalés que incendió las redes al usar instagram para relatar su viaje hasta España, y apenas hace unos días las redes se vuelven a exaltar con la imagen del niño sirio vestido y boca abajo en la orilla de una playa de Turquía. Estas dos historias nos cuentan mucho sobre las situaciones de las personas que tratan de cruzar hasta Europa, nos dicen que sus razones son tan poderosas que prefieren morir en el intento.

Al otro lado, empieza a preocupar los delitos de odio que se están sucediendo en distintos lugares de la Unión Europea. La xenofobia y el racismo que tan rechazados simulaban en este territorio ahora parecen estar más aceptados y vivos que nunca, escuchar mensajes del tipo “hay que pensar que media Europa y más de un cuarto de los refugiados del Norte de África los están mandado aquí (Alemania). Están tomando edificios viejos y preparándolos para alojarlos con los refugiados” o “hay que entender que cada día llegan muchísimas personas al país y que el gobierno está haciendo cosas por esas personas que vienen de fuera y para los de aquí nada” empiezan a ser recursivos y lo que es más grave es que lo estamos normalizando y acostumbrando a nuestros oídos.

En este punto, las políticas, así como las actitudes y discursos de los y las dirigentes tienen una gran influencia sobre la sociedad y en la manera de asimilar cambios en la composición de la población; de tal modo que se están generando espacios públicos donde se permiten mostrar acciones de odio, siendo aceptado por la sociedad.

La película La Ola, como recurso educativo visual, muestra claramente que un sistema basado en el odio y el exterminio al otro es totalmente reproducible si se dan los ingredientes adecuados, lo que podría preocupar a Alemania con 202 ataques registrados a albergues de refugiados y refugiadas de enero a julio de 2015. A día de hoy las cifras continúan aumentando y son datos que hay que interpretarlos como delitos de odio. Esta cifra dobla los ataques de 2014.
Es un problema muy grave que esos delitos de odio se traten de justificar o que la sociedad los permita y avale, aún cuando no se sea consciente de ello al comentar los sucesos, pues se está mandando un mensaje claro a la sociedad y protegiendo a sus autores.

En este panorama la solidaridad y la innovación por parte de diferentes personas junto a las nuevas apuestas políticas suponen un rayo de luz para que no valga todo ante situaciones de crisis, complicadas o conflictivas, por lo que cada acción va sumando.
Desde luego lo que nunca debería faltarnos ante estas situaciones es la empatía tanto para ayudar a los que lo necesitan como para deconstruir prejuicios.