Criminalidad y Datos Abiertos.

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Con el transcurrir del planeta vemos cómo la tecnología se adueña cada vez más del mundo. Y esto, que parece ser una verdad de Perogrullo, aunque como problema ha tenido en vilo a tantas mentes tan disímiles como preclaras de la historia como Heidegger, Horkheimer, Adorno, Foucault, Huxley, Orwell o los filósofos románticos, la verdad es que al parecer esta ha llegado para quedarse, al menos en los tiempos que vivimos.

Uno de los fenómenos que ha surgido con el uso, si se quiere desmedido, de la tecnología es que hemos encontrado en ella una vía para exponer cuestiones que antes se encontraban reservadas a ciertos ambitos, ya fueran de intimidad, o de otras esferas que no son las de nuestra vida diaria.

Una de estas nuevas esferas es el uso de la tecnología en relación con la criminalidad y como manera de reclamar justicia. Así asistimos hoy al teatro del horror donde 30 jóvenes que violan a una mujer de 17 años y lo transmiten por redes. O también somos testigos de los linchamientos a ladrones que capturan en flagrancia. La justicia ha salido, entonces, de los juzgados a las calles, tal vez por desconfianza o porque el uso de la tecnología permite mayor inmediatez y una percepción correspondiente de efectividad -aunque no necesariamente lo sea- que no logra cumplir el aparato de justicia estatal.

No obstante, no hay que entender que la justicia del Estado y el uso de nuevas tecnologías se encuentran en franca enemistad. Recientes desarrollos globales de aplicaciones móviles y de poner a disposición, a través de las redes sociales o páginas web, una serie de servicios a favor de la comunidad que van desde la consulta de procesos judiciales online, formulación de denuncias, hasta aplicaciones móviles que permiten alertar a las autoridades sobre algún delito o, con leyes como la expedición de leyes de datos, o de transparencia, podemos tener indicadores reales sobre temas de corrupción de la administración de justicia o la efectividad de la misma con respecto a la persecución de determinado delito, el cubrimiento de ciertos temas de justicia, etc.

En Colombia hemos dado algunos avances sobre este tema; sin embargo, todavía son muy incipientes y el desconocimiento de la ayuda vital que prestan los datos abiertos sigue siendo alarmante. Lo que preocupa aún más, es que al parecer la ciudadanía todavía no es conciente de los mismos o prefiere usar la tecnología para hacer justicia por su propia cuenta, por lo que será una tarea importante, a toda esfera, que los operadores de justicia recuperen la confianza perdida y, que demuestren con efectividad, que las herramientas tecnológicas pueden ser muy útiles en cuanto a prestar una ayuda que vaya más allá de desnudar a un ladrón.